(...)
Pues no me reconozco a mi mismo.
No soy cristiano, ni judío, ni mago, ni musulmán.
No soy del Este, ni del Oeste, ni de la tierra, ni del mar.
No soy de la mina de la Naturaleza, ni de los cielos giratorios.
No soy de la tierra, ni del agua, ni del aire, ni del fuego.
No soy del empíreo, ni del polvo, ni de la existencia, ni
de la entidad.
No soy de India, ni de China, ni de Bulgaria, ni de Grecia.
No soy del reino de Irak, ni del país de Jurasán.
No soy de este mundo, ni del próximo, ni del Paraíso,
ni del Infierno.
No soy de Adán, ni de Eva, ni del Edén, ni Rizwán.
Mi lugar es el sinlugar, mi señal es la sinseñal.
No tengo cuerpo ni alma, pues pertenezco al alma del Amado.
He desechado la dualidad, he visto que los dos mundos son uno;
Uno busco, Uno conozco, Uno veo, Uno llamo.
Estoy embriagado con la copa del Amor, los dos mundos han desaparecido
de mi vida;
no tengo otra cosa que hacer más que el jolgorio y la jarana".
Yalal
ud-Din Rumi
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El
hombre se honra (y se salva) a sí mismo cuando honra
a la naturaleza como siendo a la vez lo otro y lo mismo de sí
mismo: lo di-ferente de sí.
Al contrario, y creyendo soberbiamente peraltarse, el hombre
retrocede más acá del estadio de los depredadores
cuando considera lo natural como mera excusa (desecho:Abfall)
para implantar el desierto planetario de una Voluntad de poder
que se descubre Voluntad de Nada: nihilismo. El Hombre destruye
así a los hombres y a la naturaleza.
(...) yo (y el “nosotros” social) soy en la naturaleza.
No tengo un cuerpo como se tiene una propiedad: soy corpóreo.
Y mi cuerpo es la huella (Gramme) de un lento y trabajoso intercambio.
La huella de la Di-ferencia.
Félix
Duque
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